viernes, 17 de junio de 2011

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA

Esta es una hermosa poesía de aquel gran poeta nicaragüense que se llamo Rubén Darío, llamado “el príncipe de las letras castellanas”,. nos decía lleno de poesía aquello de “Juventud, divino tesoro” y que les recomiendo que lean entera yo solo voy a poner unas estrofas, para que vean que gran poeta y que verdad había en su poesía:

Juventud, divino tesoro,

¡Ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

Y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste

Historia de mi corazón.

Era una dulce niña, en este

Mundo de duelo

y aflicción.

Miraba como el alba pura;

Sonreía como una flor.

Era su cabellera oscura

Hecha de noche y de dolor………

Por esa juventud pasamos todos y con los mismos pasos, con las mismas ilusiones, desafiantes ante el mundo que nos rodea, nacemos, pasamos por la niñez, por la adolescencia, luego la soñada juventud a veces altanera, la madurez donde vemos los errores y los aciertos y la temida vejez a la que tenemos que abrazar con ilusión y vemos que no existe la eterna juventud por más que se ha intentado buscar, por eso podemos ser mayores pero nunca viejos, el mayor puede tener la misma edad cronológica que el viejo, sus diferencias están en su espíritu o en su corazón.

Durante estas etapas de la vida, hay una que para mí es esencial y es en la que se forja las demás partes de nuestra existencia, que es esa en la que somos jóvenes, nos sentimos jóvenes y pensamos que somos los mejores y que esto va a durar toda la vida y es en esta etapa cuando más tonterías cometemos, porque por regla general miramos a los más mayores por encima del hombro como diciendo -Me como el mundo- y posiblemente el mundo en el vivimos se te coma a ti.

Y es aquí donde aparece esta historia real que me ocurrió y que estoy seguro que les ocurre a muchas de las personas mayores, si por casualidad han llegado a mantener alguna conversación y han discutido con gentes jóvenes y fíjense que no pongo edades, porque eso de gente joven, verán que en las tunas hay verdaderos ancianos y si ven en esas juventudes políticas, también hay algún jovencito que podría tener algún que otro nieto.

Yo aquí me refiero a esa juventud que va desde los 20 años a los 35 y que se ponen al “mundo por montera”, para los de la LOGSE “Actuar una persona según sus convicciones dejando a un lado la opinión y los comentarios de los demás”. Que seguramente estarán en el paro más profundo y viviendo seguramente en casa de sus papas y que creen saberlo todo y que muchos de ellos están sentados en las plazas de nuestras ciudades y en manifestaciones varias, como la del próximo 19 de Junio.

Y esto que voy a contarles me ocurrió en un autobús repleto de viajeros, lo que se dice “A tope” en una hora punta, pues bien, a mi lado había un joven de unos veintitantos años y que no sé como comenzamos una conversación de temas del momento.

Yo siempre he dicho y he escrito que soy mayor, pero nunca viejo, hay una diferencia sustancial que ya explique, pues bien este jovencito “lleno de experiencia”, me indicaba en una clase magistral, que era imposible que la vieja generación, lograra comprender a la suya, se refería a la nueva y me decía.

-Usted creció en un mundo diferente, un mundo casi primitivo” y me lo decía en un tono suficientemente alto para que lo oyese todo el autobús.

Los jóvenes de hoy crecimos con televisión, con Internet, con aviones a reacción capaces de traspasar la barrera del sonido, viajes al espacio, nuevas sonsa espaciales han visitado Marte y tenemos el coche eléctrico y de hidrogeno, ordenadores con procesos a la velocidad del sonido y más.

Se produjo una breve pausa, un silencio que se cortaba y yo miraba al niñato aquel y le dije.

-Tienes toda la razón, hijo mío- -Nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos jóvenes, así que las inventamos- - Ahora ¡gilipollas! ¿Qué estás haciendo tú para la próxima generación?

¡El aplauso espontaneo en el autobús se hizo atronador!